DOCUMENTO ANOTADO · CONVENCIÓN BANCARIA · 28 AGO. 2026
El «camino obligado», separado en datos, escenarios y discurso.
Miguel Gómez presentó un diagnóstico fiscal severo, un recorte inmediato y una futura Ley de Rescate. También abrió explícitamente el debate sobre los gastos y derechos protegidos por la Constitución, sin presentar todavía una reforma concreta. Varias cifras describen problemas verificables; otras son escenarios del Ministerio, relaciones causales incompletas o acusaciones que la presentación no demuestra.

Jonathan Malagón presentó alivios, metas de crédito y capacidad privada, pero también garantías, reformas y espacio en el Plan Nacional de Desarrollo. El posterior “reparto de tareas” de Hacienda responde a esa negociación.
01 / MAPA DEL DISCURSO
El diagnóstico, las medidas y la retórica no tienen el mismo estado probatorio.
Balance primario negativo, gasto rígido, menor inversión pública y mayor carga de intereses tienen respaldo documental.
Era el recorte que Hacienda llevaría al gabinete. Falta el acto que diga dónde, cuándo y cuánto se aplaza o reduce.
La Ley de Rescate buscaría cerca de $45 billones adicionales. Sin articulado, no puede evaluarse viabilidad ni incidencia.
No es una observación ni una profecía: es la trayectoria inercial calculada por el Ministerio bajo supuestos no publicados en la diapositiva.
Las insuficiencias previas tienen sustento. Atribuir engaño deliberado, populismo o castigo sistemático excede lo que prueban las tablas.
La frase sobre edificios públicos dañados no viene acompañada de peritajes, auditorías, contratos o responsables.
La diapositiva 21 despeja el error de la transcripción oral y coincide con la equivalencia posterior de aproximadamente $45 billones. La transcripción publicada abajo conserva la frase con la corrección editorial visible.
02 / CATORCE AFIRMACIONES PARA SEGUIR
Lo verificable no necesita el lenguaje de catástrofe; lo incierto no se vuelve cierto por aparecer en una gráfica.
El problema fiscal es grave y el gasto se separó de los ingresos.
El deterioro del balance primario, la rigidez del funcionamiento y el mayor peso de los intereses son verificables. «La peor situación de la historia» y «el abismo» son caracterizaciones retóricas; la comparación cambia según se mida déficit, deuda, liquidez o capacidad de pago.
El Gobierno ordenará las finanzas; empresarios y banca deben poner el crecimiento.
Esa división de tareas sí fue explícita: Gómez pidió inversión privada, respaldo del sector financiero y participación empresarial en la reconstrucción porque el Estado no tiene espacio fiscal. No les pidió cubrir directamente el déficit. El resultado depende también de que el Gobierno ofrezca seguridad jurídica, estabilidad e incentivos; el discurso no cuantifica la inversión esperada ni demuestra que vaya a materializarse.
Hay que abrir el debate sobre los gastos protegidos por la Constitución.
Gómez sí preguntó si Colombia debía seguir poniendo gastos en la Constitución para volverlos intocables por ser derechos, y respondió que ese debate debía abrirse ahora. La frase sugiere una posible reforma constitucional para flexibilizar el gasto, pero no identifica artículos, derechos, partidas, mecanismo ni texto. Además, la Carta no incorpora «todos los gastos»: prioriza el gasto público social, protege ciertas obligaciones y regula transferencias territoriales. Debe separarse esta señal de la reforma administrativa que anunció para el Plan Nacional de Desarrollo.
Sin medidas, la deuda llegaría a 82% del PIB en 2030.
La cifra pertenece al escenario inercial del propio Ministerio. Es útil para conocer su diagnóstico, pero depende de supuestos sobre crecimiento, tasas, inflación, cambio, déficit y refinanciación que la diapositiva no publica. No demuestra por sí sola una crisis de pago inevitable.
Se realizará un recorte de $21,9 billones en 2026.
En el discurso era una propuesta que se presentaría al Consejo de Ministros al día siguiente. Hasta localizar el decreto, acto de aplazamiento o detalle por entidad, debe describirse como recorte anunciado, no como ahorro ejecutado.
La Ley de Rescate reduciría el gasto en «2,2 billones».
La frase oral o su transcripción confunde la unidad. La diapositiva dice 2,2 puntos porcentuales del PIB y el ministro lo traduce inmediatamente a cerca de $45 billones. El proyecto de ley y su memoria fiscal todavía no están disponibles.
El PGN anterior dejó obligaciones básicas sin financiación.
CARF ya había advertido insuficiencias y supuestos débiles en salud, pensiones, energía y personal. Eso respalda el problema, pero no convierte todo el aumento de $59,3 billones en dinero omitido: $37,4 billones corresponden al mayor servicio de deuda y la inversión cae.
Las administraciones anteriores comprometieron $10 billones en una semana.
El discurso no identifica fechas, entidades, CDP, registros presupuestales ni contratos. «Comprometer» tampoco equivale necesariamente a pagar o perder recursos. La verificación requiere trazabilidad en SIIF y el acto que congeló o aplazó apropiaciones.
El Estado recibe $29,2 billones y gasta $40,2 billones cada mes.
La diapositiva presenta promedios, pero no define con suficiente claridad periodo, caja o causación, Gobierno Nacional Central o PGN, ni si amortizaciones de deuda están incluidas. Sirve como simplificación pedagógica, no como estado de resultados mensual completo.
El aumento del salario mínimo causó inflación, importaciones y déficit comercial.
Existe un mecanismo económico plausible y una ruptura temporal en expectativas, pero las gráficas no separan demanda, indexación, energía, alimentos, tasa de cambio, política monetaria ni ciclo externo. Llamarlo maniobra para ganar elecciones es una imputación política, no un resultado del gráfico.
$50 billones de las actividades artísticas corresponden a apuestas electrónicas.
DANE sí agrupa juegos de azar con artes, entretenimiento y recreación. Pero la presentación no identifica periodo ni concepto de los $50 billones: apuestas brutas, ventas, ingreso del operador y valor agregado no son equivalentes. Tampoco constituye el anuncio de un impuesto nuevo.
Las remesas crecieron por desplazamiento y solicitudes de asilo.
Las dos series aumentan en años cercanos, pero no enlazan a quienes migraron con quienes enviaron remesas, ni controlan empleo e ingresos en países receptores, tasa de cambio o canales de transferencia. Es una hipótesis que necesita microdatos.
El cambio de Gobierno mejoró los CDS y los rendimientos de los bonos.
La mejora posterior a la segunda vuelta aparece en los datos y puede reflejar expectativas fiscales. Atribuirla enteramente al nuevo Gobierno exige separar tasas globales, precio de materias primas, riesgo regional, liquidez y noticias locales simultáneas.
Los edificios públicos sufrieron más porque «se robaron la plata».
El discurso no aporta inventario de daños, edad y norma sismorresistente de los edificios, peritajes, contratos, auditorías ni responsables. Puede abrir una investigación, pero no permite concluir corrupción ni causalidad estructural.
03 / PRESENTACIÓN COMPLETA
Veinticuatro capturas preservan el argumento visual y sus unidades.
























Las capturas provienen del video aportado y fueron comprimidas para la web sin alterar su contenido. Algunas dimensiones incluyen al expositor o el reproductor; se preservan porque ayudan a ubicar la diapositiva dentro de la intervención.
04 / QUÉ DOCUMENTO CAMBIARÍA EL VEREDICTO
Los anuncios se vuelven política verificable cuando dejan una huella administrativa.
Decreto o acto de aplazamiento
Debe identificar apropiaciones, entidades, excepciones por emergencia y efecto neto sobre el déficit.
Articulado y memoria fiscal
Permitirá saber qué gastos se reducen, qué ingresos permanentes aumentan y quién absorbe el ajuste.
SIIF, CDP y registros
Solo esa trazabilidad distingue apropiaciones comprometidas, pagos efectivos, obligaciones legales y decisiones reversibles.
Modelo y supuestos
Se necesitan crecimiento, tasas, inflación, cambio, vencimientos, balance primario y sensibilidad de la senda 64–82%.
Peritajes y auditorías
La corrupción no se demuestra comparando visualmente edificios; exige diseño, construcción, mantenimiento, contratos y responsabilidades.
Nueva evaluación independiente
Su revisión del PGN reformulado y de la Ley de Rescate permitirá contrastar el relato del Ejecutivo con una proyección externa.
05 / FUENTE TEXTUAL
Transcripción completa, corregida y separada del fact-check.
Esta versión elimina marcas de tiempo, muletillas y repeticiones accidentales. No es una transcripción taquigráfica. Las correcciones que cambian una unidad se indican entre corchetes; para citas sensibles debe consultarse el video.
Leer las 363 unidades de la transcripción
Señores miembros de la Junta Directiva de la Asociación Bancaria; señor presidente de la Asociación Bancaria, doctor Jonathan Malagón; señores representantes y senadores de la República; altos funcionarios del Estado; señor superintendente financiero, Paulo Rivas; señores participantes:
De nuevo, les agradezco. En nombre del Gobierno Nacional, pero sobre todo en nombre de los cientos de miles de personas que sufrieron en el terremoto, quiero agradecer muy sinceramente el programa de alivios que la banca colombiana ha lanzado, ha anunciado y que, naturalmente, va a permitir un fenómeno de transferencia monetaria muy importante para quienes están hoy sufriendo. Por lo tanto, primero que todo quiero agradecerles a ustedes que nos hayan dado ese respaldo.
Es muy significativo, en estos momentos, que la banca decida actuar con rapidez.
Este debía ser mi bautismo de fuego. Se suponía que yo venía acá y tenía la posibilidad de enfrentarme por primera vez al mundo económico, pero no fue así. Yo ya tengo varias medallas de haber sido disparado en estos días. Llevaba 40 minutos en mi oficina cuando se produjo el terremoto y súbitamente entendí que, si cae un meteorito en Marte, también es culpa del ministro de Hacienda.
Aprendí rápidamente el tema de la ley de emergencia. Aprendí a que me devolvieran el Presupuesto General de la Nación. Aprendí, en los primeros días, que el gobierno anterior había consumido el 96 % del cupo de emisión de TES en los primeros siete meses del año. Y esta semana tuve el placer de que, por primera vez en mi vida y desde que estoy en el despacho del Ministerio, los sindicatos me bloquearan el acceso al Ministerio.
Entonces, este no es mi bautismo de fuego. Ya pasé por algo parecido.
Quiero también hacer hoy un reconocimiento al equipo que me acompaña en el Ministerio. Se supone que uno hace reconocimientos cuando termina su gestión, pero no: yo lo voy a hacer al principio.
Yo lidero un equipo de muchísima calidad. No tengo los pergaminos académicos de muchos de mis antecesores en esta cartera, pero me sé rodear bien y tengo un equipo de calidad que creo que es una garantía para todos ustedes.
Andrés [apellido transcrito de forma poco clara], el viceministro general, tiene una larguísima experiencia en el Ministerio de Hacienda y ha trabajado en entidades tan importantes como el Metro de Bogotá. Juan Sebastián Betancur, el viceministro técnico, fue secretario técnico del CARF y es, creo yo, la persona que conoce con más detalle los problemas fiscales de nuestro país.
Marcela Numa —no sé cuántos de ustedes conocieron a Marcela—, discípula preferida del inolvidable Fernando Jiménez, que todos conocimos. Y César Arias, director de Crédito Público: él ya vivió una crisis muy compleja. Fue director de Crédito Público durante la pandemia y creo que demostró no solo su capacidad, sino que ofreció unos resultados muy tangibles.
Y hoy tenemos a Paulo Rivas nombrado superintendente financiero. Viene del Bank of England, que es algo que debería darnos mucha tranquilidad. El sistema financiero británico es uno de los que tiene los mayores estándares de calidad en la supervisión y Paulo abandonó su puesto en Londres para venir a cumplir su servicio militar en Colombia.
Entonces, nosotros tenemos un equipo para enfrentar un momento tan complejo como el que estamos viviendo. Aquí hay una dosis muy buena entre experiencia y conocimiento técnico.
Lo que le hizo falta a este país durante cuatro años, pues lo estamos volviendo a traer a la administración pública: gente que sepa y gente que tenga experiencia. Yo creo que esa es una garantía muy importante, un activo invisible fundamental para el futuro de la economía.
Termino diciéndoles que estoy feliz de estar acá.
Este es el único sector de la economía que no tiene problemas. Parece tonto decirlo, pero el componente financiero no es una variable de la crisis actual de la economía. Casi todos los otros sectores están en problemas. Este no. Está solvente, está estable, está rentable.
Imagínense si además tuviéramos problemas con el sistema financiero.
Entonces, el problema que ustedes tienen conmigo hoy es que nosotros los necesitamos a ustedes. Hoy. No mañana. No en diez años. Hoy. Porque ustedes sí tienen capacidad de reacción y, en el corto plazo, es lo que el país está necesitando.
Y yo sé que podemos contar con ustedes. Creo que el doctor Malagón, en su maravillosa presentación, demostró hasta qué punto el compromiso del sistema financiero es total con Colombia.
Arranco llamándoles la atención sobre el título: “El camino obligado”.
Lo que yo voy a presentar hoy creo que es la única alternativa que tiene Colombia para enfrentar la crisis fiscal en la que está. Y creo que ese mensaje es claro, porque llevamos semanas con el equipo del Ministerio pensando si tenemos otra alternativa.
¿Quisiéramos tener otra alternativa? Sí, probablemente sí. Pero no la tenemos.
La única alternativa que tenemos es poner en orden las finanzas públicas y eso es absolutamente indispensable si queremos tener futuro económico.
Entonces arranco con lo obvio: la verdad cruda.
La verdad cruda es que tenemos una situación fiscal crítica, probablemente la peor situación fiscal que hemos tenido en nuestra historia. Y la tenemos alrededor de un problema muy serio: nuestro balance primario se volvió crónicamente deficitario y eso ha llevado a un aumento de la deuda que se refleja en todas las cifras.
Y, sin ninguna duda, si no hacemos nada, es el abismo. Si no hacemos nada, es el abismo.
Lo que ven ustedes ahí es el balance primario del Gobierno Nacional Central. Estamos en unos niveles que son absolutamente insostenibles, imposibles de financiar y que hacen supremamente difícil que la economía pueda operar normalmente.
Y la deuda, si no hacemos nada, llegaría al 82 % al finalizar el gobierno. Antes de eso tendríamos una crisis de pago de proporciones monumentales. Monumentales.
Entonces esta es la realidad: o caminamos en la buena dirección o vamos al abismo.
Yo sé que suena un poco pesado, pero no deja de ser cierto.
Tenemos muchos problemas. Tenemos problemas como la salud, las pensiones, la demografía, la productividad, claro que sí. Pero el problema de esta economía es el problema fiscal.
El balance primario no sería, digamos, un elemento tan preocupante porque tenemos un buen comportamiento de nuestro índice de términos de intercambio e incluso una brecha de producto que no es necesariamente mala. Pero el balance primario del Gobierno Nacional Central está afectando todo lo que estamos haciendo en la economía.
El gasto ha crecido muy rápidamente después de la pandemia, que es el salto que ven ustedes en el cuadro de la izquierda. El gasto público se desvió de la tendencia 3,5 puntos porcentuales y nunca volvimos a la senda que traíamos antes.
En muchos otros países, después de la pandemia, el gasto tendió a disminuir gradualmente y a acercarse a la tendencia que traían antes de la pandemia. Ese no fue el caso en Colombia.
Entonces no volvimos a la senda en lo que se refiere al gasto. Y, en el caso del ingreso, lamentablemente no nos salimos de la senda.
En un caso no volvimos a la senda —el gasto— y, en el otro, deberíamos haber aumentado nuestro nivel de ingresos fiscales para poder cerrar la brecha. Eso no pasó.
Seguimos teniendo una diferencia muy grande entre los ingresos y los gastos del Estado.
Miren esto en una perspectiva un poquito más larga: el gasto, además, se concentra fundamentalmente en funcionamiento. Y miren el comportamiento de la inversión: absolutamente plano, sin ningún repunte. La inversión, que es finalmente el crecimiento del futuro, está en nuestro país muy estancada.
En el gráfico de la derecha ven ustedes la descomposición del gasto de funcionamiento del Gobierno Nacional Central. Las primeras tres columnas son todos gastos inflexibles: otras transferencias inflexibles, pensiones, salud, Sistema General de Participaciones.
Entonces tenemos un gasto que, además de ser alto, es rígido.
El presupuesto de Colombia ha perdido prácticamente toda la capacidad de ser contracíclico. En los momentos en los cuales se necesita, nosotros no podemos gastar más porque, de todas maneras, la rigidez de nuestro gasto es muy fuerte. Y también cuando deberíamos estar disminuyendo el gasto no lo podemos hacer porque tenemos un gasto supremamente atado.
El desbalance fiscal de Colombia es atípico.
Y la palabra clave aquí, el indicador clave en todo el manejo de las finanzas públicas hoy por hoy, es naturalmente el balance primario.
El balance primario es el indicador que con mayor claridad explica lo que nos está pasando en Colombia. La diferencia entre el funcionamiento más la inversión, sin contar los intereses, explica la magnitud del problema que tenemos.
Y, como lo vemos aquí, entre países que son de un nivel de desarrollo parecido al nuestro, Colombia es el que tiene el peor déficit primario de todos.
El peso del servicio de la deuda no hace sino crecer.
El indicador de la izquierda, cuando uno ha estado con banqueros internacionales, es uno de los indicadores que ellos más vigilan: la relación entre el gasto de intereses y los ingresos tributarios.
¿Por qué? Porque demuestra, con los ingresos propios que uno genera, cuánto puede pagar de intereses.
Y fíjense en el deterioro creciente de ese indicador a lo largo de los últimos años. Hoy estamos destinando uno de cada tres pesos a pagar el servicio de nuestra deuda.
Eso se refleja en que hicimos un esfuerzo durante años por bajar nuestra tasa de interés implícita y, en los últimos años, otra vez viene subiendo, porque obviamente no está claro cómo vamos a poder lograr pagar el problema de la deuda.
El efecto se siente adicionalmente en muchos otros temas de la economía.
En la inflación. Miren la preocupante evolución de nuestra tasa de interés. Porque finalmente la inflación —no sé, en nuestro país hay muchas razones por las cuales este fenómeno se produce—, pero en los últimos años, sin lugar a dudas, una política salarial irracional ha generado una presión de gasto que hace que los precios no puedan bajar.
Los otros dos cuadros son todavía más delicados. Muestran, en general, el efecto del *crowding out* de nuestra economía.
El Estado gasta cada vez más y eso naturalmente presiona al sector privado y le genera dificultad para invertir.
No es entonces de extrañar —y eso es el último de los cuadros— que la inversión en nuestro país esté absolutamente postrada, sobre todo la privada.
Como ven ustedes, las empresas tienen una caída supremamente fuerte.
Un país que no invierte no puede crecer. Un país que no invierte no puede ser productivo. Un país que no invierte, naturalmente, no tiene un futuro de expansión económica como todos lo desearíamos.
Entonces aquí estamos delante de una situación de una complejidad muy alta.
Esto se refleja en que la meta de inflación no se cumple y ese hecho genera un elemento adicional de incertidumbre que, en estos momentos, sería bueno no tener.
Piensen que este cuadro además se agrava en el corto plazo por los problemas que vamos a tener que enfrentar con El Niño y con la volatilidad de los precios de la energía a nivel mundial, que afectan a todos, pero que también afectan a Colombia.
Hablaba el doctor Malagón del problema de productividad.
Pues aquí vemos el impacto que tiene el aumento de los salarios y, especialmente, lo que sucedió en el año 2026, donde, en un hecho de irresponsabilidad populista, con el fin de ganar unas elecciones y conservar el poder, se otorgó un aumento del salario mínimo que era absolutamente innecesario, que era además contrario al momento coyuntural en el que estaba la economía y que generó no solo un aumento del consumo privado, que hoy en día también alimenta la inflación, sino un aumento de las importaciones, que tiene el déficit comercial en su nivel más alto en la historia.
Entonces aquí lo que vemos es un cúmulo de malas decisiones, una cantidad de decisiones que a lo largo de los años hemos tomado de manera errónea y que finalmente estallan y revientan por la dimensión fiscal.
No hemos cumplido la meta de inflación en siete años.
¿Qué implica eso? Pues implica que hay, obviamente, una preocupación sobre la credibilidad de la política monetaria.
Y yo por eso respaldo y respeto las posiciones que ha venido tomando el Banco de la República.
Recuperar el control de la tasa de inflación es bueno para todos. Eso no es algo bueno para el Banco. La gente cree que ese es un problema del Banco. No. Eso es bueno para todos los colombianos.
Bajar la inflación hace todo más fácil.
Yo siempre he comparado el tema de la inflación con la fiebre. Cuando uno se intoxica y le sienta mal algo que se comió, pues bueno, le sienta mal. Pero si le da fiebre, es grave.
Pues la inflación es la fiebre de la economía. Todo con la inflación es mucho más difícil de controlar y de manejar.
Nuestro crecimiento es mediocre. Muy mediocre.
Y, si lo ven ustedes, en los últimos años ha estado jalonado fundamentalmente por el gasto público, que es una de las peores maneras de crecer en una economía: cuando depende de lo que hace el Gobierno y no de lo que hacen los empresarios.
Y, si miran en el cuadro de la derecha, verán que el gobierno de Petro ha sido el que ha generado los resultados más mediocres y más decepcionantes en términos de crecimiento. La línea roja.
Este crecimiento tiene el punto más preocupante para todo el Gobierno en la actual coyuntura: el bajísimo nivel que tiene la tasa de inversión.
Este nivel de inversión no lo veíamos en Colombia desde 1975. Desde 1975. O sea, yo era chiquito. Yo era chiquito cuando pasó eso.
¿Por qué hemos caído tan bajo? ¿Cómo hacemos para reactivar la economía sin inversión?
El mensaje que queremos dejarles a ustedes hoy, llenos de optimismo, es que el Gobierno va a hacer el ajuste fiscal.
Vamos a hacer el ajuste fiscal porque es lo que se requiere y, adicionalmente, porque no tenemos opción.
Pero necesitamos que el sector privado colabore con la inversión.
Vamos a repartir las tareas. Y ese es el propósito que hoy le presentamos a la Asociación Bancaria: nosotros ponemos en orden las finanzas públicas; ustedes ayúdennos con el crecimiento.
Porque el crecimiento no podrá venir del impulso del Gobierno. Ahí tiene que haber un cambio bien interesante.
¿Cuáles son los sectores que han sufrido? Ven ustedes que son los sectores que tienen fuertes encadenamientos: electricidad, minas y canteras, industrias manufactureras, construcción.
Esos sectores que tienen alta capacidad de generar valor agregado son los que el gobierno anterior decidió castigar de manera sistemática.
La construcción, la minería, la industria, naturalmente todo el tema de infraestructura eléctrica, han sido duramente castigados por el gobierno anterior.
Estos sectores necesitan crecer porque son aquellos que tienen la mayor cantidad de encadenamientos en toda la cadena productiva.
Me llama la atención —y quiero dejarles este dato, porque todos los días uno aprende algo— que actividades artísticas salen muy bien calificadas. Cosa que es buenísima.
No cabe un artista más en Bogotá. Los tipos hacen cola, los jets privados hacen cola para poder venir a cantar en Bogotá. Y a mí, que me gusta ir a esos espectáculos, me consta que están absolutamente repletos. Repletos.
Y las boletas no son baratas, son carísimas.
Entonces uno dice: “Bueno, qué bueno. Qué bueno que se está moviendo el sector artístico, qué bueno que la gente le está gastando tiempo a una recreación de calidad, qué alegría”.
Pero la verdad no es eso.
Ahí están 50 billones de pesos de las cuentas de los sistemas electrónicos de apuestas. 50 billones de pesos están ahí.
Uno no lo puede creer. ¿Y los conciertos? No, sí, los conciertos también pesan, pero son las apuestas. Las apuestas electrónicas. Eso que ven ustedes en los partidos de fútbol.
Es una cifra como para pensar. Como para meditar.
Bueno, la composición del crecimiento no es buena, como ven ustedes.
Obviamente tenemos una discusión muy interesante sobre el tema de la productividad. Muy poco hablamos en Colombia de los temas de productividad.
Fíjense: es el pedacito, la línea roja de esas columnas. Lo otro, la línea oscura, es el capital y la más clara es el trabajo.
Como ven ustedes, la evolución en general de la productividad en Colombia es muy desalentadora.
Los países que salen adelante en el mundo moderno no son los que crean inteligencia artificial; son los que tienen la capacidad de aprovecharla rápidamente.
Las posibilidades que tenemos nosotros para mejorar la productividad tienen que venir del uso de las tecnologías.
La tecnología hace que muchos de los servicios que hoy en día prestamos de manera ineficiente en el país se puedan hacer de manera ágil, rápida y barata.
Invertir en tecnología, recoger la economía y empaparla de tecnología es una prioridad si queremos ser productivos.
En algunos sectores eso avanza relativamente bien, pero, en general, en muchos de los sectores de la economía seguimos muy atrasados en esos temas.
Analizando estos días, por ejemplo, el problema de la salud, el problema de tecnología es gigantesco. No sabemos cuántas facturas hay, no sabemos si están duplicadas. Nada cuadra con nada. No hay una sola cifra con la que uno pueda estar tranquilo.
¿Por qué? Porque es un sector que tecnológicamente está muy atrasado. Muy atrasado.
Así como tenemos máquinas de primera tecnología mundial, el sistema de administración de los hospitales, de las clínicas, de las EPS, no es bueno.
Y ahí hay unas ganancias de productividad inmensas que seguro bajarían los costos.
Yo estoy convencido de que el peor enemigo de la corrupción en Colombia es la tecnología.
El día que los trámites sean automáticos desaparecen las comisiones, desaparece todo ese mundo que vive de mediar favores.
El día que todos nuestros trámites sean automáticos, pues vamos a tener muchísima menos corrupción.
No depende tanto de las leyes ni de la capacidad de perseguir a los bandidos. Depende fundamentalmente de una modernización tecnológica.
Los que están aquí son todos muy jóvenes, pero cuando yo era chiquito sacar un pasado judicial era una tortura.
Entonces alguien le decía: “No, es que yo soy amiga de la directora del DAS, entonces le puedo conseguir una cita, doctor”.
Porque la gente iba a Paloquemao, en Bogotá, y veía colas interminables de gente que necesitaba un pasado judicial para poder acceder a un empleo.
Eso se automatizó.
Hoy en día usted entra y saca el pasado judicial en ocho segundos. Ocho segundos.
¿Tiene que pagarle a quién? A nadie. A nadie.
La tecnología resolvió un problema tonto con eficiencia, con transparencia, con inmediatez.
Y de eso hay miles de ejemplos que se pueden utilizar y que hoy en día, lamentablemente, no están.
Entonces, el problema de productividad pasa por la tecnología y es algo que tenemos que estimular en el Plan Nacional de Desarrollo.
Miren lo que pasó con la confianza.
En estos días me ha criticado ya la oposición por decir que este es “el presupuesto de la verdad”.
Cuando usted dice la verdad, genera confianza. Cuando alguien le dice a usted la verdad, usted dice: “No, el tipo no me cae bien, pero yo sé que está diciendo la verdad”.
Entonces, lo que nos ha pasado es que hemos perdido confianza. Hay un deterioro muy importante de la confianza en la economía.
Y, obviamente, los extranjeros, por problemas de seguridad, sobre todo por problemas de seguridad jurídica y por un ambiente contra el sector privado, han ido abandonando nuestro país, que fue durante años una nación que traía mucha inversión.
Tenemos un déficit comercial. No exportamos nada.
Lamento decirles que sí exportamos talento.
Es porque estamos exportando trabajo. Un país que exporta trabajo no puede ser un país rico. No puede ser un país rico.
Cuando Irlanda mandó cientos de miles de sus ciudadanos a los Estados Unidos, o Italia lo hacía, ¿era porque era un país rico? No. Lo hacía porque era un país pobre.
Y nosotros estamos exportando lo que no deberíamos exportar: gente.
La gente se está yendo.
Durante el gobierno de la “paz total” se fueron un millón de colombianos. Un millón.
Eso es un desangre para un país como este. Es un desangre.
¿Qué significa económicamente? Pues una pérdida de capacidad de producción inmensa. Inmensa.
Y en el mediano plazo es un problema de productividad serísimo, porque, si usted no tiene gente, ¿cómo crece?
Pues nosotros dejamos que un millón de colombianos se fueran. Un millón. Es que eso es una ciudad grande en Europa.
Se fueron. ¿Y volverán? Pues no sé.
Miren el número de desplazados: un millón cuatrocientos mil desplazados durante el gobierno de la paz.
Entonces, ¿y la paz? Fue un éxito. Un éxito del cual el gobierno Petro puede mostrarse muy orgulloso.
Fíjense que además las cifras coinciden exactamente con el cambio de gobierno.
Está el tema de la apreciación del peso, sobre el que voy a hacer un comentario rápido.
La tasa de cambio, ustedes saben, es el misterio de la economía. Nadie sabe por qué sube, por qué baja, y todo el que se pone a apostar en eso generalmente se pilla los dedos.
Pero es evidente que el problema fiscal es, de todos los determinantes de la revaluación de la moneda, el más importante.
El problema fiscal genera un tema de inflación: la gente sale, gasta más; el Gobierno gasta más; presiona los precios al alza. Eso sube la tasa de interés y, naturalmente, atrae capitales extranjeros.
Hay otros determinantes de la tasa de cambio. Yo no me voy a extender en eso.
Pero sí estoy convencido de que, en la medida en que logremos reducir el déficit fiscal, eso le va a dar espacio a la política monetaria.
Estamos en eso que llaman muy pomposamente los economistas un escenario de *fiscal dominance*: la política fiscal aplasta, arrincona la política monetaria y la vuelve, de alguna forma, ineficiente.
Entonces, en la medida en que bajemos el déficit fiscal, la política monetaria vuelve a tener holgura y será muchísimo más eficaz en el mediano plazo.
Yo soy un economista de fundamentales. Yo fui formado en un país cartesiano, me formé en Francia. Allá lo que no es números no existe. No existe.
Siempre fui escéptico sobre eso que llaman las anticipaciones de los mercados. Siempre tuve como miedo con eso. Siempre me parecía que era una cosa difícil: que los cambios de ambiente, que el clima de confianza, todo eso, pues no sé.
Hoy en día están de moda los *soft skills*: la gente tiene que ser empática, tiene que ser simpática, tiene que poder trabajar en equipo. Sí, está de moda eso.
Pero yo fui educado en los *hard skills*: el cálculo integral, la estadística, la lectura comprensiva, la gramática, la ortografía. Cosas que hoy están pasando de moda.
Entonces yo no creía mucho en eso.
Resulta que cambia el Gobierno y miren lo que pasa con las tasas de interés.
¿Cambió algo? ¿El déficit fiscal disminuyó? ¿La inflación bajó? ¿El desempleo bajó? No. Nada.
Los mercados sí reaccionan.
Y ha sido una lección de humildad para mí, que siempre fui como tan reacio a aceptar esas cosas.
Aquí hay una señal del mercado que es poderosa. Este mercado cree que este país puede salir de la crisis en la que está.
El mercado le está diciendo a los colombianos: “Yo creo que ustedes son capaces. Yo creo que ustedes tienen con qué salir de este hueco en el que están”.
Y a mí me parece que hay que seguir el mercado. Hay que pararle bolas a lo que está diciendo el mercado.
El mercado dice: “No, estos van a ir por la buena dirección. Esto se va a mejorar en Colombia. Colombia tiene futuro”.
Y creo que esa señal del mercado es hoy en día valiosísima.
Entonces, ¿qué venimos a proponerles desde el Gobierno?
Venimos a proponerles una estrategia en tres pasos.
El primer paso: decir la verdad.
¿Qué tan difícil es decir la verdad? Para mí, no.
Aquí estamos diciendo la verdad desde el primer día. Estamos diciendo que la situación de Colombia es crítica.
Y decir la verdad es el primer paso.
No cayó bien la cifra del Presupuesto General de la Nación.
¿Por qué no cayó bien? Porque la gente no quiere que le digan la verdad. Es como cuando a uno le dicen: “Oye, te has engordado”.
Pues a uno no le gusta que le digan eso: “Oye, está repuestico”.
Bueno, lo que hicimos fue decirles a los colombianos que no podíamos seguir, después de cuatro años de mentiras, diciendo mentiras.
Y lo primero que uno tiene que hacer es decir la verdad.
La transparencia fiscal es el principio para ordenar las finanzas. Si no sabemos de qué magnitud es el problema, pues es difícil enfrentarlo.
Está el tema de la austeridad, sobre la cual el discurso del Gobierno es consistente, a pesar del reto que genera el terremoto.
Aquí también —y por eso creo que es tan importante asistir a este estilo de eventos— el papel importante de la reconstrucción lo tiene que hacer el sector privado.
El Estado tiene que generar los estímulos y la capacidad para que sea el sector privado el que impulse el sistema de reconstrucción, porque nosotros no tenemos espacio fiscal para hacer eso.
Y lo vamos a hacer en el Plan Nacional de Desarrollo: una cantidad de medidas que van a buscar que, por mecanismos como el de obras por impuestos, pero no solo eso, sea el sector privado el que haga esa tarea.
Porque lo va a hacer, primero, más rápido; segundo, lo va a hacer más barato; y tercero, lo va a hacer con mayor calidad.
Miren que es un poco irónico. Yo fui, en una época, vicecontralor general de la República.
Aquí hay un indicador bien interesante de la corrupción: los edificios que más sufrieron el terremoto son los edificios públicos. Los hospitales, las escuelas. Todo eso quedó…
¿Por qué? Porque se robaron la plata.
Parece tonto, pero es por eso.
Y, obviamente, el apoyo a los más vulnerables es una prioridad.
Verdad, austeridad y corazón.
Yo creo que esas cosas son muy importantes en este momento y la política económica tiene que responder a eso.
Entonces, ¿cuáles son los pilares que estamos proponiéndole a Colombia?
El primer pilar es, naturalmente, sincerar las cuentas fiscales.
Es reducir el gasto en 2026.
Mañana se reúne el Consejo de Ministros en Barranquilla. El Ministerio de Hacienda presentará a consideración del gabinete un recorte del gasto público de 21,9 billones de pesos.
Vamos a hacer eso mañana.
Yo espero que el gabinete, en su sabiduría, nos acompañe en este esfuerzo, que además creemos que es un mensaje fuerte para el Gobierno.
Ahí estamos hablando, mal contados, como de 1,1 % del producto interno bruto, y creo que es una señal muy importante en esta circunstancia.
Me parece que también es muy importante que no perdamos de vista que el esfuerzo que hay que hacer es reducir el gasto.
¿Se acuerdan de la curvita al principio, que muestra que el gasto está por encima de los ingresos?
Bueno, lo que tenemos que hacer es bajarla.
Claro, esto riñe con una parte muy grande de las escuelas económicas que consideran que el gasto público es lo que debe entrar en estos momentos a generar equilibrio económico.
Nosotros creemos que el mensaje que tenemos que enviar es que todavía podemos adelgazar el Estado y que, adelgazando el Estado, generamos capacidad para crecer y prosperar.
Con un Estado como el que tenemos hoy en día —paquidérmico, lento, corrupto—, con un Estado así es imposible crecer.
Y por eso el dinero se va. Por eso la gente se va. Porque aquí es difícil crecer.
Entonces queremos hacer reformas centradas en el gasto.
Y aquí hay que empezar a tocar temas que son de consenso nacional.
¿Vamos a seguir poniendo todos los gastos en la Constitución para que nunca se puedan tocar porque son sacrosantos, porque son derechos?
No. Hay que abrir ese debate.
Y es ahora que hay que abrirlo.
Es precisamente porque estamos en este momento tan complejo que tenemos que ir y pensar de manera creativa qué podemos hacer para mejorar la estructura del Presupuesto General de la Nación, para que cumpla su objetivo de generar equilibrio y también de generar progreso cuando lo necesitamos.
Miren este tema de sincerar las cuentas, sobre el que se ha escrito tanto.
A mí me gustan a veces las cifras que son como más sencillas.
Este es un Estado que recibe un ingreso mensual de 29 billones de pesos y se gasta 40.
Ustedes me van a decir: “Miércoles, pero eso no puede ser”.
Sí. Sí, claro. Eso es lo que pasa.
Voy a darles una confesión de estos primeros días.
Llegamos al Gobierno realmente el 10 y, en la primera semana, como no habíamos podido cambiar las personas que estaban en el Gobierno, como estábamos solo las cabezas y además vino el terremoto y todos teníamos la cabeza en otro lado, las administraciones anteriores se gastaron 10 billones de pesos en una semana. Comprometieron 10 billones de pesos.
¿Qué nos tocó hacer?
Congelar el presupuesto.
Porque, a ese ritmo, se iban a gastar 10 billones de pesos semanales.
Entonces, el problema nuestro a veces es un poco simple, pero este cuadro me parece que resume un pedazo muy importante de la verdad.
Miren la parte de abajo.
La parte de abajo plantea, en la realidad del año 2025, lo que decía el Marco Fiscal de Mediano Plazo del gobierno anterior: cómo iban a ser los ingresos y el gasto primario, los intereses y cómo iba a quedar el déficit primario en 2,1 y el déficit total en 5,3.
La tercera columna es el gasto inercial.
Si no hacemos nada, ¿qué pasa?
Si no hacemos nada, el déficit primario es 4,4 al terminar el año y será de 8,2 el déficit total.
Díganme si a nivel internacional uno puede presentarse con esas cifras: 4,4 de déficit primario si no hacemos nada y 8,2.
Entonces, ¿qué estamos haciendo?
Estamos haciendo un recorte que vendrá acompañado más adelante de una ley financiera.
Es primer tiempo: sinceramos las cuentas.
Segundo: hacemos una ley financiera.
No es una reforma tributaria. Es una ley financiera.
El énfasis de la ley está centrado en reducción de gastos, no en aumento de impuestos.
¿Por qué?
Porque este país no aguanta más impuestos.
Porque estamos con una estructura tributaria tan supremamente diabólica que le hace tanto daño al crecimiento de la economía y que no podemos hoy mantener.
Entonces, lo más importante es que esa ley fiscal trate de disminuir gastos.
Y en eso vamos a hacer un esfuerzo grande para poderla presentar en las próximas semanas a consideración del Congreso.
Si hacemos todo eso, al final del año tendremos un déficit disminuido de 4,4 a 3,3 y un déficit total de 7,2.
¿Resuelve eso el problema?
No. No lo resuelve.
El problema es tan grave que no lo resuelve.
Y esto, además, en medio del problema muy serio del terremoto.
Desde el Ministerio de Hacienda hemos buscado, rebuscado, hurgado en todos los lugares del Presupuesto General de la Nación y hemos logrado una cifra que creemos es conservadora, que nos permitiría dedicar a la fase de emergencia del terremoto cuatro billones de pesos hasta el final del año, que van a estar concentrados fundamentalmente en ayudas monetarias a quienes han sufrido.
Este dinero lo vamos a dedicar a eso porque creemos que esta es nuestra prioridad.
Los temas de reconstrucción serán objeto, naturalmente, de un tratamiento en el Plan Nacional de Desarrollo y de unas estrategias distintas.
Entonces, los tiempos de este Gobierno arrancan con el “presupuesto de la verdad”.
Déjenme mostrarles el presupuesto de la verdad.
Lo que ven en la primera columna es el presupuesto de la mentira.
Ese presupuesto tenía un total de 575 billones de pesos.
Pero, si ustedes miran la columna que sigue, lo que hicimos fue una labor de búsqueda para determinar si ese presupuesto cumplía con los requisitos y las proyecciones.
Y encontramos, por ejemplo, que en gastos de personal la nómina estaba desfinanciada, sobre todo el componente de la parafiscalidad.
Encontramos que las pensiones estaban desfinanciadas en 6,5 billones de pesos.
La salud, en dos billones de pesos.
Las instituciones de educación superior —o sea, las universidades públicas, de las que el gobierno anterior habló tanto y cacareó tanto y cacareó tanto— estaban desfinanciadas en 700 mil millones.
Pero lo más increíble de todo: en el Presupuesto General de la Nación —en cuenta de presupuesto; fiscalmente es otro tema— no estaba el FEPC.
Pequeño olvido de 9,6 billones de pesos.
Entonces, ¿qué es lo que hace el presupuesto de la verdad?
Todo esto que dejaron desfinanciado lo incorporamos a la columna del presupuesto de la verdad.
Y por eso sube el presupuesto.
¿Por qué?
Porque el que está mal es el presupuesto de la mentira, no el presupuesto de la verdad.
Pero miren además el servicio de la deuda, la última línea.
Ellos decían que el servicio de la deuda requería 118 billones de pesos.
Los cálculos del Ministerio dicen que son 155 billones de pesos.
Pequeño descache. Pequeño. Es un problema con los números, creo, ahí con la calculadora.
Entonces, la diferencia es sumar todo lo que estaba desfinanciado más el servicio de la deuda, que aumenta casi en 37 billones de pesos.
Esa es la verdad, duélale al que le duela.
Ese es el estilo de presupuesto que presentó este gobierno… el gobierno anterior, perdón.
Fíjense en eso.
Fíjense en la magnitud del desorden, del caos en el que estábamos.
Entonces: 22 billones de desfinanciación, más 37 billones de subestimación del servicio de la deuda, nos lleva a un presupuesto de 634 billones de pesos.
Y por eso generó tanta sorpresa.
Podíamos habernos hecho los locos, sí.
Pero entonces, ¿cómo van a confiar en nosotros?
Yo prefiero ir a Nueva York con estas cifras, diciendo la verdad sobre estas cifras, que ir para que allá me digan: “Oiga, pero ahí había un problemita con el FEPC, ¿no? ¿Ustedes no tenían en cuenta el FEPC?”.
Primero la verdad.
Primero la verdad.
Aquí ya estamos hablando del presupuesto del año 2027, de este que vale 635 billones de pesos.
Estamos haciendo un esfuerzo de austeridad de 17 billones adicionales.
¿En qué?
Estamos recortando adquisiciones, otras transferencias.
En “otras transferencias” hay como 250 ítems distintos. Esa es una cuenta de esas que recoge toda clase de artilugios y, al puntear esa cuenta, podemos ahorrar los 12 billones.
Y estamos haciendo un pequeño recorte en inversión no prioritaria de 2,5 billones de pesos.
Entonces, adicional a lo que se va a hacer ahora, el año próximo nuestro presupuesto sí tiene un componente de austeridad de 17 billones de pesos.
Entonces: primero, presupuesto de la verdad.
Segundo, una ley de rescate económico, que es la ley fiscal que mencioné anteriormente.
Es muy importante que tengamos esta ley porque nos va a permitir, si el Congreso de la República nos respalda en este esfuerzo, hacer una disminución del gasto público de 2,2 puntos porcentuales del PIB [corrección editorial: la diapositiva dice «2,2 pp del PIB» y el propio ministro lo equipara enseguida a cerca de 45 billones de pesos].
Sé que es una cifra muy ambiciosa. Estamos hablando más o menos de 45 billones de pesos adicionales que descargaríamos del gasto del Gobierno.
Entonces, aquí las cosas van en serio.
Y, si lo logramos, nos estaríamos acercando al anhelado equilibrio del balance primario.
Tendríamos un balance primario de 2,3 y un balance total de 7,2 en el presupuesto del año 2027.
¿Qué es lo que estamos buscando?
Estabilizar.
Estabilizar las finanzas públicas.
Y quisiéramos, al terminar este Gobierno —por eso es que es un ajuste gradual pero permanente, gradual pero permanente— tener un pequeño superávit primario del 0,4 % del PIB.
Lo que estamos mostrando es, primero, una realidad dura, compleja; pero también estamos mostrando el sendero, el camino que nos permitiría volver a por lo menos equilibrar el problema tan serio que tenemos en términos de déficit primario.
Nuestra meta es llegar al 0,4. Ahí es donde queremos llegar.
¿Qué pasaría con la deuda si logramos esto?
¿Disminuye?
No.
No disminuye.
Se estabiliza.
No logramos disminuirla.
De esa magnitud es el problema.
Todo este sacrificio de austeridad, de esfuerzo, de adelgazar el Estado, todo eso nos permitiría estabilizar el nivel de endeudamiento del país alrededor del 64 % del PIB.
Si no lo hacemos, el sendero nos lleva —ya lo hemos mencionado anteriormente— a una situación que generaría un problema de insostenibilidad y una crisis de pago inevitable.
Entonces: primer tiempo, presupuesto.
Segundo tiempo, ley de rescate.
Tercer tiempo, Plan Nacional de Desarrollo.
¿Qué va en el Plan Nacional de Desarrollo?
Bueno, las medidas de estímulo al crecimiento de la economía.
Con crecimiento todo es más fácil de hacer. Sin crecimiento todo es muy difícil.
Entonces, lo que queremos es mandar una señal clara:
Este es un gobierno proempresa. Un gobierno que cree en los mercados. Este es un gobierno que cree en la competencia.
Vamos a mandar un mensaje claro para que el sector productivo se reinicie y vuelva a generar una dinámica de crecimiento.
Con crecimiento los problemas fiscales se vuelven mucho más manejables.
Sin crecimiento se vuelven durísimos.
Entonces, en el Plan Nacional de Desarrollo viene un paquete importante de estímulos a la inversión.
Y va a venir también —y creo que eso es importante— una reforma del Estado.
Tenemos que reducir el Estado.
Nosotros no tenemos cómo financiar el Estado que hoy tenemos, que además no cumple su función. Además, no cumple su función. No genera los beneficios que los ciudadanos están esperando de él.
Entonces necesitamos hacer ese esfuerzo.
Y lo vamos a meter en el Plan Nacional de Desarrollo: una serie de normas que nos permitan reducir entidades, eliminar unas que están duplicadas, generar sinergias, hacer reformas estructurales de algunas de las entidades que hoy en día están más anticuadas y obsoletas.
La senda de ajuste se juega entonces en los próximos seis meses.
Ahí nos vamos a jugar el todo por el todo.
Vamos a hacer lo que tengamos que hacer en términos de austeridad, pero también necesitamos que la economía reaccione y que pasemos de este crecimiento absolutamente agónico, flojo, a un crecimiento robusto que nos permita una mayor expansión de la economía.
Entonces resumo mis mensajes finales.
Hay que decir la verdad.
Estamos en una situación muy complicada.
Si no hacemos nada, no tendremos futuro como economía.
El Gobierno va a hacer todo lo que esté a su alcance para ayudar a las personas que están sufriendo en estos momentos tan difíciles.
No los vamos a olvidar.
Vamos a hacer todo aquello que sea posible para mejorarles sus condiciones y tratar de restablecer lo más pronto posible su calidad de vida.
Vamos a hacer un ajuste importante este año y vamos, sobre todo, a garantizar la sostenibilidad de la deuda pública.
Nosotros no nos vamos a dejar tentar por aquellos que hablan de esquemas de renegociación.
Vamos a hacer lo que esté a nuestro alcance para cumplir con las obligaciones de Colombia, porque ese es uno de los activos más importantes que tiene este país.
Nosotros siempre hemos pagado nuestras deudas y tenemos que seguir pagando nuestras deudas.
Nosotros no podemos caer en eso.
Y termino dejándoles un mensaje optimista.
Ya se cumplió el primer paso, que fue sincerar las cuentas.
El mercado nos está acompañando en las medidas y en el enfoque que estamos definiendo. Lo vemos en unas mediciones que son relativamente objetivas.
Y necesitamos el respaldo del sector privado.
Aquí nos tenemos que jugar todo.
Ya vimos lo que puede ser un gobierno populista.
Ya lo vimos.
Ya lo vimos.
De sabios es aprender las lecciones.
Si nosotros, en estos cuatro años, no hacemos una serie de reformas fundamentales y no generamos una respuesta a los problemas de pobreza y desigualdad que tiene esta sociedad, podemos volver a caer en el populismo.
Eso sucede.
Uno dice: “No, no, eso no nos va a volver a pasar”.
Sí.
Sí pasa.
Sí pasa.
Y no hay que apostarle a eso.
Nosotros no podemos —me refiero al Gobierno— hacerlo solos.
Este esfuerzo necesita de todos los colombianos y, naturalmente, necesitamos del sector financiero.
Vamos a ir en pocos días a Nueva York y a Washington.
Yo voy donde tenga que ir.
Donde tenga que ir a explicar esto, yo voy.
Pero yo no lo puedo hacer solo.
El Gobierno Nacional no lo puede hacer solo.
El Gobierno los necesita a ustedes.
Necesitamos al Congreso. Por eso es muy importante que ellos asistan a estos eventos.
Necesitamos a los empresarios.
Necesitamos a los gremios.
Necesitamos a todos aquellos que quieren creer que Colombia sí puede hacer el milagro.
Muchísimas gracias.
FUENTES Y CONTRASTE